sábado, 26 de junio de 2010

¿Preguntas del por qué?

¿Por qué cada vez que nos enojamos o gritamos nos preguntan si estamos indispuestas?
¿Por qué siempre que la gente se suena los mocos mira en el pañuelo?
¿Por qué cuando el control remoto se esta quedando sin pilas apretamos mas fuerte los botones?
¿Por qué cuando vamos al ginecólogo nos encierra en un cubículo para que nos pongamos la bata si después nos tiene que ver las partes íntimas?
¿Por qué Goofy camina en dos patas y Pluto en cuatro, no son los dos perros?
¿Por qué nadie se da cuenta que Clark Kent es superman?
¿Por qué la guantera del auto se llama guantera si lo que menos hacemos es guardar los guantes?
¿Por qué tenemos ojos de gallo en los pies y patas de gallo en los ojos?
¿Por qué cuando llegamos a la cima de una montaña nos ponemos las manos en las caderas?
¿Por qué abrimos la boca cada vez que miramos el techo?
¿Por qué cada vez que hablamos por celular nos ponemos a caminar?
¿Por qué nos hace tanta gracia que se nos quede la marca del reloj cuando nos tostamos y se lo decimos al de al lado? Mirá, me quedó la marca, parece que llevo reloj, pero no!
¿Por qué cuando no funciona algún electrodoméstico le damos unos golpecitos?
¿Por qué siempre abrimos la cajita del medicamento y encontramos el prospecto al revés?
¿Por qué cuando tenemos miedo nos tapamos con las sábanas, que si te meten un cuchillazo no atraviesa la sabana?
¿Por qué en las películas de terror siempre preguntan Quién anda ahí? ¿Alguien les va a contestar: -“un monstruo” o –“un ladrón”?
¿Por qué cuando vamos caminando por la calle y gritan el nombre de alguien, nos damos vuelta igual?
¿Por qué cuando estamos viendo dos personas riéndose entre ellas, sonreímos?
¿Por qué se dice:- laburé como un negro-? ¿Cómo laburan los negros?
¿Por qué siempre que nos miramos en el espejo ponemos cara de serios o de modelos?

El hombre que nunca olvidó:

Abrió los ojos y sólo pudo ver la imagen borrosa de aquella botella de vino que se acostaba en la mesa.
Otra noche tratando de olvidarla, otro intento fallido.
Sus ojos parpadearon lentamente y en un momento se preguntó que habría ocurrido la noche anterior.
Su cabeza le dolía y parecía como si alguien lo estuviera golpeando fuertemente.
Quiso levantarse, pero allí seguía, sin decir una palabra.
De repente, miró el vaso que rodaba por el piso de madera y abrió su boca.
No se sorprendió del olor a licor barato que de ella salía, ni tampoco se espantó al ver su desaliñado rostro en el espejo.
Solo pensaba en volverla a ver. Solo tenía en su cabeza, los recuerdos de aquella ida prepotente y veloz que lo dejó sin aire. Esas imágenes se repetían una y otra vez, recordándole el peor daño que su corazón había sentido en toda su vida.
Allí estaba él, dando vueltas por la casa, vistiendo la misma ropa de hace unos días, recordando a la mujer que amó.
De repente sentado en la mesa, no hacía más que pensar en no volver a tomar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, lágrimas que recorrían su mejilla y terminaban en su mentón barbudo.
“Los hombres no lloran”- susurró bajito y limpió su cara.
Era increíble como pasaban los minutos, los días, los años y él seguía igual. Esperando que regrese.
Ni un sonido en el teléfono, ni un alma tocando su puerta. Estaba solo y rodeado de botellas vacías. Esas fieles compañías que lo hacían viajar en el tiempo hasta dejarlo ciego o dormido.
Pero él no quería otra vida así, no quería pasar otro día igual.
Lentamente se puso de pie, caminó hacia el baño, lavó su cara y se marchó.
Las calles le parecían pequeñas y oscuras. Distintas a aquellas coloridas y otoñales que recorrió junto a su amor.
El frío viento fue la única caricia que recibió ese día. El único susurro que sintió en sus oídos.
Y la retórica pregunta en su cabeza: ¿volverá algún día?
Las hojas de los árboles lo vistieron por breves segundos, y sus pasos parecían pesar más y más con cada segundo que pasaba. Estaba cansado, no tenía dónde ir, ni a dónde volver.
Por fin observó unas puertas viejas y oscuras, con un olor familiar y un no se qué, que le pedía que entre.
Agachó su cabeza y solo se dejó llevar. Era inútil, nunca iba a cambiar. Nunca iba a regresar tampoco.
Divisó al mozo que pasó junto a su lado, levantó la mano e indicó otra medida.
Otra noche que pasaría. Otro día había acabado.
Y él allí, con su licor que lo había hecho perder todo.
Sus lágrimas volvieron a caer, sus ojos se empañaron.
La retórica pregunta volvió a su cabeza:¿volverá algún día?
Finalmente abrió su boca y susurró:”los hombres no lloran”…bebe hasta morir…
Secó sus lágrimas, echo a reír y deseó que todo termine rápido.

domingo, 20 de junio de 2010

ser ama de casa

Buenas, quiero decirles a todos, más que decirles, contarles que tengo un trauma con ser ama de casa.
Es verdad, le tengo pánico a esa profesión. Realmente admiro a la gente que se dedica a eso.
Pero yo me juré desde chica, que no iba a ser ama de casa nunca.
Cuando escuchaba la radio, siempre lo sábados a la noche, el conductor le preguntaba a la oyente qué estaba haciendo, y la oyente siempre respondía:- limpiando, ordenando la casa.
A mi me daba pánico pensar en pasar un sábado limpiando y ordenando una casa.
Les juro me ponía mal, por eso es que me levanto todos los fines de semana a las 2 de la tarde y automáticamente como algo y me voy. Es así, siempre hago lo mismo.
Ni aún cuando mi armario esta engendrando una extraña criatura con toda mi ropa tirada echa un revuelto, me quedo allí para ordenarlo.
Ni en esos momentos me pongo a pensar en limpiar.
Es más, le tengo miedo a la sopa. La sopa para mí es de ama de casa. Nadie que no es ama de casa prepara sopa.
Creo que por eso ahora salieron las sopas instantáneas, porque empezaron a darse cuenta que cada vez hay menos amas de casa en el mundo.
Tampoco me imagino haciendo las compras, yo cada vez que voy a un supermercado, voy a jugar. Si, me gusta comprarme golosinas, gaseosas, postres, juguetes (juguetes para chicos). Siento que soy como mi pobre angelito cuando va a comprar.
Y hasta él creo que hace mejor las compras que yo. Después, cuando llego a casa, me doy cuenta que no compré nada nutritivo. Nada de comida.
Es feo que diga esto, pero como ama de casa me echarían a los 2 días sin indemnización. Mi vida es peor que la de TOM Hanks en “quisiera ser grande”.
Es por eso que mis sábanas aún tienen dibujitos de los pitufos. Mis pantuflas son las garras de un tigre. Y mi taza de desayuno es la que dice “en esta taza toma solo yumy”.
Lo peor es que es en serio.
O una de dos, o tengo problemas para asumir que soy adulto, o es mi miedo por convertirme en ama de casa.
Hay cosas de ama de casa que no se hacer. Como por ejemplo, prender un horno. No se de qué se trata prender el horno. Gracias que prendo la hornalla.
Otra cosa que no se hacer es planchar, cocinar, doblar la ropa, separar la ropa blanca de la ropa color. Y es ahí cuando me quedo frustrada esperando los mágicos ayudantes de las publicidades. Como la mujer del jabón en polvo con oxifrescura, o el cocinero del aceite, o al mismísimo mister músculo.
Nunca aparece nadie.
Igual te digo, todavía soy joven. Es mi consuelo. Esas cosas las puedo aprender, pero nunca voy a ser ama de casa, me da miedo.
gracias,
yumy

ser ama de casa

Buenas, quiero decirles a todos, más que decirles, contarles que tengo un trauma con ser ama de casa.
Es verdad, le tengo pánico a esa profesión. Realmente admiro a la gente que se dedica a eso.
Pero yo me juré desde chica, que no iba a ser ama de casa nunca.
Cuando escuchaba la radio, siempre lo sábados a la noche, el conductor le preguntaba a la oyente qué estaba haciendo, y la oyente siempre respondía:- limpiando, ordenando la casa.
A mi me daba pánico pensar en pasar un sábado limpiando y ordenando una casa.
Les juro me ponía mal, por eso es que me levanto todos los fines de semana a las 2 de la tarde y automáticamente como algo y me voy. Es así, siempre hago lo mismo.
Ni aún cuando mi armario esta engendrando una extraña criatura con toda mi ropa tirada echa un revuelto, me quedo allí para ordenarlo.
Ni en esos momentos me pongo a pensar en limpiar.
Es más, le tengo miedo a la sopa. La sopa para mí es de ama de casa. Nadie que no es ama de casa prepara sopa.
Creo que por eso ahora salieron las sopas instantáneas, porque empezaron a darse cuenta que cada vez hay menos amas de casa en el mundo.
Tampoco me imagino haciendo las compras, yo cada vez que voy a un supermercado, voy a jugar. Si, me gusta comprarme golosinas, gaseosas, postres, juguetes (juguetes para chicos). Siento que soy como mi pobre angelito cuando va a comprar.
Y hasta él creo que hace mejor las compras que yo. Después, cuando llego a casa, me doy cuenta que no compré nada nutritivo. Nada de comida.
Es feo que diga esto, pero como ama de casa me echarían a los 2 días sin indemnización. Mi vida es peor que la de TOM Hanks en “quisiera ser grande”.
Es por eso que mis sábanas aún tienen dibujitos de los pitufos. Mis pantuflas son las garras de un tigre. Y mi taza de desayuno es la que dice “en esta taza toma solo yumy”.
Lo peor es que es en serio.
O una de dos, o tengo problemas para asumir que soy adulto, o es mi miedo por convertirme en ama de casa.
Hay cosas de ama de casa que no se hacer. Como por ejemplo, prender un horno. No se de qué se trata prender el horno. Gracias que prendo la hornalla.
Otra cosa que no se hacer es planchar, cocinar, doblar la ropa, separar la ropa blanca de la ropa color. Y es ahí cuando me quedo frustrada esperando los mágicos ayudantes de las publicidades. Como la mujer del jabón en polvo con oxifrescura, o el cocinero del aceite, o al mismísimo mister músculo.
Nunca aparece nadie.
Igual te digo, todavía soy joven. Es mi consuelo. Esas cosas las puedo aprender, pero nunca voy a ser ama de casa, me da miedo.
gracias,
yumy

velatorios!!!

Buenas, vengo de un velatorio. Se murió el abuelo de un amigo y lo estuve acompañando en el velorio.
Hay algo que es terriblemente curioso, y es que en las casas de velatorios hay de todo, hasta un bar. Debe ser el único bar que está abierto las 24 horas.
Ahora, fijáte que entrás y lo primero que ves son las coronas de flores. Nunca entendí bien por qué se llaman coronas. Qué ¿se las ponen en la cabeza a los muertos? Más que corona debería llamarse salvavidas. Ahora que ironía, regalarle un salvavidas a un muerto.
Lo más extraño son los mensajes de las coronas, “tus nietos no te olvidan”, “tus compañeros de oficina no te olvidan”. Al final pensás:-¿A quién se lo dirán?
Porque no creo que el muerto se ponga a leer esas frases. Y encima, ¿Cómo que no te olvidan? ¡¡¡Si acaba de morirse, como para olvidarse!!!
Pero menos tiene sentido, las conversaciones de la gente en los velatorios.
De repente llega uno y dice:- no somos nada.
¿Pero cómo que no somos nada? ¡¡¡No será él nada, pero yo si soy algo!!!
O te dicen:-hoy estamos acá, mañana allá.
Y bueno, eso es lo bueno de los que tienen coche-pienso yo.
Ahí en los velatorios te das cuenta de que si querés que todos hablen de vos, lo mejor que podés hacer es morirte.
Entonces, empezás a hablar con uno, con otro. Hasta que siempre terminan hablando de comida. Y ahí alguien salta y dice:- hablando de comida, ¿Se acuerdan cómo le gustaba el pollo? ¿Te acordás la vez que se comió 3 pollos seguidos?
Y salta otro y dice:- ¿Y la vez que se tomó todo y casi termina con coma alcohólico?
Entonces yo pienso:- Perdónenme, pero si se comía 3 pollos seguidos y además tomaba tanto, lo raro es que no haya muerto antes.
Y con estas anécdotas del muerto, la gente se empieza a soltar y a reírse. Hasta que uno dice: “¡¡Aaaaaaay!!… si no nos reímos, ¿qué vamos a hacer…?”¿Cómo que qué vamos a hacer? Vamos a llorar ¡qué para eso estamos en el velatorio!
Pero si hay algo que a mí me impresionan son las frases del pésame. “Te acompaño en sentimiento”, “Ya pasó a mejor vida”. En esta última sí que tiene razón. Porque el pobre pasó toda la vida con muebles de aglomerado y ahora lo metieron en un ataúd de roble macizo.
En fin, yo no tengo claro lo que quiero que hagan conmigo cuando me muera. Había pensado en la incineración, pero no me convence. Porque van los familiares con las coronas de flores y el ataúd, y al rato salen con una copa de cerámica. Entre las coronas y la copa parece que vienen de ganar las olimpiadas.
Así que estoy pensando en donar mis órganos así como así.
Sin velatorio ni nada.
Las orejas, las dono al museo de cera. El corazón se lo donaría a algún jugador pecho frío. Y el hígado, bueno ya no queda mucho de él…pero que se lo regalen al próximo borracho que haya pasado por un happy hour.

Gracias,
Yumy

sábado, 19 de junio de 2010

dos cuentos cortos y raros.


La luz que entró por la ventana se posó junto al cuello de aquel, donde estaba la abeja que confundía su aroma con el perfume de la miel.
Allí donde la sombra no existe y el alma aparece de la forma más extraña.
Allí se encuentra él, tirado en la cama, mirando el techo, pensando en la nada.
Donde habitan los mejores recuerdos, está él, donde quiere volver a su infancia y jugar con aquella pelota de cuero o de trapo que de niño se llevó más de un tiempo perdido.
Allí está él, instalado en el pleno descanso de su cuerpo, sintiendo como su sangre circula de a poco y contando tal vez los segundos que faltan para dormirse.
No dijo nada. Ni una palabra.
Solo quedó inmóvil y luego se durmió.
Las bocinas de los autos no hicieron demasiado ruido, a pesar del tráfico que se asomaba.
Ni los gritos de aquella salida del colegio de en frente lo despertaron.
Estaba cansado. Pero más que cansado por las cosas que lo habían desgastado, estaba cansado de ser él.
Ese día llegó como siempre, a la misma hora, con la misma rutina.
Ese día sintió que era particular.
Miró la cama enfundada de viejos trapos y la luz de la ventana desplegaba un resplandor sincero. Un resplandor de mediodía.
Su cuerpo caía desplomado, y con un último respiro, miró el techo y se sintió digno de retirarse a su letargo.
No dijo nada. Ni una palabra.
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Nosotros los tres:
Volviendo a pensar en lo que rondaba por mi cabeza, estábamos los tres. Mi incoherencia, mi sabiduría y yo.
Estábamos los tres sentados en la mesa, dispuestos a tomar el té.
Yo preparaba las tazas, mi incoherencia las ignoraba y mi inteligencia me explicaba de qué manera podía hacerlo mejor.
Nunca entendí nada de esos encuentros. Sobre todo porque aquellos dos, nunca se llevaron bien.
Y yo, en el medio como siempre. Tratando de lidiar con ambos y buscando alguna solución.
Era inútil. La incoherencia quería sobresalir como siempre, pero la inteligencia no la dejaba.
Y yo que más da, allí estaba. Y a veces hasta me reía.
Volviendo a recordar el último instante, recuerdo una conversación que nos llevó a los tres a pensar un poco más. Incluso a la vaga incoherencia que siempre pasaba el rato diciendo cosas que no tenían sentido. Pero que en algún punto estaban bien.
Fue entonces cuando dijimos de hacer algo los tres.
Yo puse la casa, y los demás las ideas.
La incoherencia quería hablar, la inteligencia no la dejaba.
Hasta que decidimos que lo mejor era preparar una obra, algo que fuera nuestro y que los tres participáramos. Una pintura sería ideal.
La inteligencia, nos explicaba de cómo hacerlo bien. La incoherencia, simplemente seguía sus impulsos. Yo, por mi parte, pintaba y hacia lo que ellos me decían.
Una obra final, una imagen contemplada. Allí los tres estábamos mirando aquello que era nuestro. Allí los tres, no creíamos que fuera tan lindo.
Allí los tres llegamos a una conclusión. Para crear algo hermoso, no sólo la basta la inteligencia, si no también la incoherencia.
Y yo, por mi parte, haciendo lo que ellos me decían.

viernes, 18 de junio de 2010

tarea de hoy: ir al cine

Hace mucho que no iba al cine, el otro día fui. Primero que nada, suelo ir al Shopping a ver los estrenos ansiosamente, pero me encuentro con una dificultad. Nunca se dónde dejo estacionado el auto, en serio.
Llegué a pensar en la teoría de que los escondían a propósito y mientras lo buscas te miran detrás de alguna columna muertos de risa.
No importa si tienen letras, animalitos, número de columna, siempre te parece que te vas a acordar y que está cerca de la entrada. Pero resulta que después, te das cuenta que todas las entradas de todos los pisos son iguales.
Es bastante feo, llegas a decir:- OK ya fue, esta vez me lo robaron en serio.
Bueno, otra cosa que tampoco me gusta es buscar el número de asiento. No veo nada y encima esta bastante oscuro. Y lo peor es si el asiento queda en el medio.
Ahí tenés que esquivar a la gente, con una mano el pochoclo, con otro la gaseosa y después por fin encontrás el lugar, es todo una hazaña.
El otro día estaba pensado que siempre que voy al cine me siento delante del que ya vio la película y te la va contando. O acota cosas boludas. Como en una película de terror, tira frases como:-ay no!, mira detrás de tuyo!!! , etc.
También está el que te la va a adelantando, en el final dice: - ah claro, es la mina porque…
¡¡¡O sea deja de ganar protagonismo, dejáme darme cuenta a mí!!!
Sino está el que se ríe de cosas boludas, aplaude, grita, es como que se unifica mucho con la película. Es mas quiere ser parte de ella. Y lo peor es que no se da cuenta de que todos lo están mirando.
Es típica que también te sentás cerca de un bebe y en lo mejor de la película se pone a llorar, y los padres lo dejan ahí, quietito.
O puede ser que te toque el hincha pelota, el que le molesta el asiento, el que te clava los pies en la butaca y te jode la espalda, el que tira pochoclo para todos lados, el que come y hace ruido, el que hace ruido con las bolsas, el que toma el último sorbo de gaseosa, y hasta el colgado al que le suena el teléfono.
Es bastante fastidioso aguantar todo eso, pero lo peor es cuando termina.
Yo por ejemplo trato de entrar a funciones tardes así no me cruzo con la gente que salió de la función anterior. Porque siempre sale comentando y contando el final.
Es terrible, pero bueno, ir a ver el estreno contado por otro quizás no esté tan malo.
En fin, de películas ni hablar, siempre me olvido el nombre, de qué trata o cómo empezó.
Soy bastante colgada para seguir el hilo.
Pero lo bueno es todo lo que me llevo para comer, chocolates, nachos, pochoclo, gaseosa, de todo.
Es una fiesta.
La verdad disfruto mucho ir al cine, a pesar de todas estas contras…

Gracias,
Yumy